ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Como una luz al final sel túnel se aparece Morante. Como una ilusión que baja o sube a Ronda. La espera se ha eternizado desde el 10 de agosto en Huesca. Sufrimos la primera ausencia en Gijón y la última en Mérida. Y en cada toro te imaginabas a José Antonio de la Puebla. ¿Qué habría hecho con éste? ¿Y con aquél? ¿Y con al amexicanado zalduendo del indulto emeritense que embestía a cámara lenta, purito temple cosido a los flecos de la muleta de Talavante?
Desde marzo superviven en la memoria las huellas de Morante. La memoria es afortunadamente selectiva. Y las faenas de Valencia (Así en la tierra como en el cielo), Santander (La faena descalza de Morante) y Pontevedra (Morante es un reloj de arena) flotan por su inmortalidad sobre la temporada que ya hace septiembre. Córdoba se me quedó -en el vídeo no sale el espíritu santo pero se intuye- en la vorágine de San Isidro. No así la media verónica acampanada de Sevilla como un monumento a la vera del Guadalquivir.
Por fin, Morante. Ronda sobre el gigante de piedra. Qué larga espera.

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